Hasta para hablar de protocolo podemos acudir a los refranes de toda la vida. Y es que podemos decir que los buenos modales son la base del protocolo social. Podemos dejar a un lado el sentido estricto de la palabra protocolo – técnica que se encarga de ordenar a personas que asisten a un acto según un criterio establecido previamente – para adentrarnos en una de las variantes del protocolo que más afecta a nuestra vida diaria. Nos referimos a la etiqueta.

A lo largo de los años y a pesar de las modas, las normas del vestir se han consolidado hasta establecerse en una especie de protocolo social acordado. Cuando nos vestimos, estamos vistiéndonos para reflejar la imagen que queremos dar. Es imagen será la tarjeta de presentación al mundo, de nosotros mismos.
Por eso os animamos a que el primer paso que deis sea pensar… ¿qué imagen quiero dar de mí misma? En muchas ocasiones, de esta imagen puede depender una relación futura, por lo que hay que tenerlo en cuenta. Pero no sólo reflexionaremos sobre la imagen que queremos dar. También analizaremos las circunstancias, el momento, el lugar…
Ya lo decía Shakespeare “como te ven, te tratan”. Y es que no hace falta perder ni un ápice de magia personal, simplemente hay que plantearse una serie de preguntas: ¿a dónde voy? ¿con quién voy a estar? ¿qué tiempo hace? ¿la cita es de trabajo? ¿puedo coincidir con alguien que me interesa profesionalmente? Ese es el principio básico del protocolo social, encontrar el punto exacto entre lo que te queda bien y lo adecuado en cada momento.
| < Prev | Próximo > |
|---|







